Gay para los servicios de amor y sexo

Cuando David* se fue a vivir con su novio, no sabía todavía que estaba “metiendo al monstruo en casa”. Los celos enfermizos y los pellizcos por mirar a otros chicos no le pusieron en alerta. Tampoco había conocido maltrato en su entorno.

2017.06.27 07:31 albedrio Cuando David* se fue a vivir con su novio, no sabía todavía que estaba “metiendo al monstruo en casa”. Los celos enfermizos y los pellizcos por mirar a otros chicos no le pusieron en alerta. Tampoco había conocido maltrato en su entorno.

MARÍA ZUIL TAGSHOMOSEXUALIDADVIOLENCIA DE GÉNEROAGRESIÓN MALTRATOACTIVISMO LGTB TIEMPO DE LECTURA11 min 27.06.2017 – 05:00 H. - ACTUALIZADO: 2 H. Cuando David* se fue a vivir con su novio, no sabía todavía que estaba “metiendo al monstruo en casa”. Los celos enfermizos y los pellizcos por mirar a otros chicos no le pusieron en alerta. Tampoco había conocido maltrato en su entorno, ni había oído hablar de este problema dentro del colectivo gay. Todas las señales fallaron. La primera agresión, como todas las que vendrían después, fue por un motivo absurdo. Su novio quería coger el coche para comprar unas pizzas cerca de casa. “Le dije que fuéramos paseando porque estaba bien aparcado y cuesta mucho en nuestra zona, pero se puso hecho una fiera y cogió un cuchillo. Me tiré al suelo y me rasgó el pantalón para sacar las llaves”, recuerda hoy, casi diez años después de comenzar la relación de la que aún se está recuperando. El 27% de hombres y 34% de mujeres LGBTI reconocen haber sufrido maltrato en algún momento Llevar un amigo a casa, subir las ventanillas del coche o cerrar las ventanas en su habitación de hotel durante las vacaciones fueron algunos de los motivos por los que sufrió agresiones de quien después se convirtió en su marido, además de amenazas, chantajes emocionales y maltrato psicológico. Incluso después de romper la relación y de que su pareja se negase a irse de su casa, siguió soportando ataques violentos durante año y medio, que se saldaron por la vía judicial con una orden de alejamiento y 50 euros de multa. Como Davir, el 27% de los homosexuales varones reconocen haber sufrido violencia física, psicológica o sexual en algún momento dentro de una relación del mismo sexo. La cifra se eleva al 34% en el caso de las mujeres lesbianas. Unos números tan alarmantes como invisibles, que superan proporcionalmente a los de la violencia machista, que afecta a un 12,5% de las mujeres en España. Ambas son realidades distintas, pero con muchos puntos comunes, como señala Isabel González, autora del estudio que recoge estos datos y arroja por primera vez algo de luz sobre este problema social en España, basándose en entrevistas a 900 personas. “Hay mucho desconocimiento y silencio, estamos como la violencia de género hace treinta años”, apunta la psicóloga, que todas las semanas recibe casos de maltrato intragénero en Cogam, el colectivo LGTBI de Madrid. A nivel internacional, los pocos estudios que analizan la violencia entre homosexuales coinciden en sus estimaciones o incluso las superan, como éste que eleva al 47,5% el número de mujeres homosexuales maltratadas y al 30% en el caso de los hombres. La encuesta nacional británica sobre la violencia también recogía en 2009 una diferencia de un 13% de maltrato en parejas gais frente al 5% de heterosexuales. Tras las cifras, pocas explicaciones y muchos prejuicios. La desigualdad no entiende de orientación Para que exista maltrato debe existir primero una percepción de desigualdad. En el caso de la violencia de género, surge de una visión machista que provoca una sensación de superioridad por parte del agresor por una mera cuestión de sexo. En las parejas homosexuales, esta diferencia desaparece pero eso no convierte a ambos en iguales. La dependencia emocional, económica o la falta de autoestima, marcan a menudo la pauta del maltrato. “Que tengan el mismo sexo no quiere decir que tengan el mismo poder”, explica Lidia Mendieta, psicóloga del Servicio de Atención a la Violencia Intragénero. Además, según los expertos, también los roles del mal entendido amor romántico, como la posesión o los celos, rigen este tipo de relaciones igual que lo hacen en las heterosexuales. Sentía que tenía que cuidarla y acabé siendo yo la dependiente Por eso, los primeros indicios de la violencia en parejas LGTB no se diferencian demasiado de la machista. “El comienzo es similar en ambos tipos, van escalando, aunque en las relaciones homosexuales va mucho más deprisa, sobre todo en las mujeres, porque son más intensas y pasionales en todos los sentidos”, comenta Isabel González, que apunta a este motivo como razón de que las mujeres sean las que más agresiones psicológicas sufren de parte de sus parejas y se equiparan en las físicas con los hombres. Lucía* vivió de las dos por parte de su pareja, nada más empezar a salir juntas. Lo que en un principio interpretó como un carácter difícil, se fue tornando en desprecio y castigos emocionales. “A veces íbamos a ver a su familia, que vive fuera de Madrid, y no me hablaba en todo el fin de semana porque algo que no tenía nada que ver conmigo le había molestado”, recuerda. Los problemas psicológicos que tenía su pareja fueron generando una dependencia emocional de la que Lucía no fue capaz de salir y que pronto cambió la dinámica de la pareja: “Sentía que tenía que cuidarla y acabé siendo yo la dependiente”. Lucía recuerda con vergüenza muchos de los episodios que vivió hace ya cuatro años y en los que apenas se reconoce. “A los tres meses me dijo que no sentíamos lo mismo y que como yo estaba muy pillada no podía salir con nadie más, pero que ella sí”, rememora. “Un día me dijo que había conocido a otra chica por Internet y que iban a quedar, pero es que encima me hizo ir a la cita. Se lió con esa chica en mis narices y al volver a casa intentó tener sexo conmigo. Me negué, pero insistió e insistió, hasta el punto que me sentí abusada”. El 90% de los encuestados en el estudio de González reconocieron haber vivido la violencia en una relación estable y un 84% han intentado romper la relación. En el caso de Lucía no hizo falta: “A los 15 días de la última agresión llegué a casa y se había ido. Se llevó sus cosas, y algunas mías, y nunca más la volví a ver. Y aun así yo me sentía culpable”. Desprotección legal De lo que no se habla no existe y en la invisibilidad del problema se encuentra otro de los grandes escollos de la violencia intragénero: a las víctimas les cuesta reconocerse como tales. Y aunque lo hagan, tampoco existen canales donde pedir ayuda, y mucho menos, un respaldo legal. El abuso entre personas del mismo sexo no está incluido en la Ley de Violencia de Género de 2014 y no existe ninguna normativa estatal específica para este problema. En la Comunidad de Madrid se aprobó una ley hace unos meses que la contemplaba​ pero sin ninguna aplicación práctica todavía, según denuncian miembros del colectivo LGTB. Por ese motivo, -y por los prejuicios-, las víctimas se encuentran desamparadas cuando acuden a la Policía a denunciar, y se enfrentan a situaciones ilógicas, como que los dos sean detenidos en el mismo calabozo. “En la Policía no estamos preparados en este sentido, con la violencia de género sí existe un protocolo, pero aquí depende de la concienciación y sensibilidad del agente que te toque en la comisaría”, reconoce la policía Begoña Gallego, responsable de este tema en la asociación LGTBIpol formado por agentes homosexuales de las fuerzas del Estado. “Podemos acogernos a algunos artículos ambiguos y considerarlo, por ejemplo, delito de odio o violencia intrafamiliar, pero incluso así es complicado”. Conté mi caso [al 016] y cuando mencioné 'ella' automáticamente me dijeron que ahí no me podían atender Además, reconocen que es más difícil estimar quién es el agresor si ambos se acusan, y a menudo la sociedad también cuestiona por qué la víctima permitió el ataque. “Mucha gente, incluso gay, me pregunta por qué no me defendía, como cuando antiguamente se decía a la víctima de una violación si se había defendido lo suficiente”, señala David, que después de divorciarse debe pasar una pensión mensual al que fuera su agresor porque ganaba más que él. “Cuando alguien te trata así eres como un objeto, pero yo no le veía así, yo le quería y cuando quieres a alguien no puedes hacerle daño”, añade. No existe ningún registro de la cantidad de personas que mueren asesinadas por su pareja del mismo sexo. Sólo se conocen cuando alguna se cuela entre los titulares, como el apuñalamiento hace apenas dos meses de una mujer de 57 años a manos de su novia de 53 en Badalona. Tampoco hay lugares de acogida si romper con el agresor implica quedarse sin casa. En el caso de las mujeres a veces encuentran un sitio en los hogares para mujeres maltratadas, pero los hombres a veces son dirigidos a albergues para personas sin hogar, en el mejor de los casos. Ni si quiera el número de atención a la víctima 016 les atiende. Cuando Marta* decidió acudir a este teléfono pidiendo ayuda por el maltrato psicológico al que la sometía su novia, le colgaron el teléfono. “Conté mi caso y cuando mencioné 'ella' automáticamente me dijeron que ahí no me podían atender. Volví a llamar evitando hace referencia al sexo y ya me orientaron”, explica. Durante meses Marta lidió con la inestabilidad de una pareja abusiva y con la confusión de que por primera vez a sus 33 años le gustase otra mujer. Este cambio en su orientación sexual era la excusa perfecta que su pareja la atacase y controlase: “No le gustaba que saliese con mis amigos y me fui aislando”. Según los expertos, los bisexuales son precisamente los que más violencia sufren. “Cuando un miembro de la pareja es bisexual y el otro no, el segundo tiene miedo a que le dejen por alguien del otro sexo, y hay más rechazo por la homofobia interiorizada”, explica la psicóloga Isabel González.
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2016.08.14 13:57 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 2 - 2 ) (Mayo de 2016)

https://archive.is/7HsFd
Pero, ¿cómo se logrará esta reducción y redistribución del trabajo doméstico? En la transición de la dictadura del proletariado al comunismo pleno, la transformación de la familia es un corolario de la expansión de la producción y el aumento de la abundancia. Su extinción o desintegración es resultado del éxito económico. En el proceso, será remplazada por nuevas formas de vivir que serán inconmensurablemente más ricas, humanas y gratificantes. Bien puede haber la necesidad de desarrollar algunas reglas en el curso de esta transformación conforme la gente busque nuevos modos de vida. En el periodo de transición, será la tarea del colectivo democrático de los obreros, el soviet, construir alternativas y guiar el proceso.
Vogel no plantea la cuestión crucial: cuando la mujer se libere de la esclavitud doméstica, ¿será libre para hacer qué? ¿La reducción del tiempo que pase en el trabajo doméstico será compensada por un aumento comparable en el tiempo que pase en su trabajo, dos horas menos lavando ropa y trapeando pisos, dos horas más en la línea de ensamblaje de la fábrica? Ésa ciertamente no es la idea marxista de la liberación de la mujer.
Remplazar el trabajo doméstico y la crianza de los niños con instituciones colectivas son aspectos de un cambio fundamental en la relación entre producción y tiempo de trabajo. Bajo una economía socialista planificada, todo tipo de actividad económica —desde la producción de acero y computadoras hasta la limpieza de la ropa, los pisos y los muebles— pasará por un constante y rápido aumento en la cantidad de producto por unidad de trabajo aplicado. Mucho antes de que se logre una sociedad comunista, es probable que la mayor parte del trabajo doméstico ya se haya automatizado. Más en general, habrá una reducción continua del tiempo de trabajo total necesario para la producción y el mantenimiento de los bienes de consumo y los medios de producción.
En una sociedad plenamente comunista, la mayor parte del tiempo será lo que ahora llamamos “tiempo libre”. El trabajo necesario absorberá una porción tan pequeña de tiempo y energía que cada individuo se lo concederá libremente al colectivo social. Todos dispondrán del tiempo y de los recursos materiales y culturales necesarios para realizar trabajo creativo y gratificante. En los Grundrisse (1857), Marx cita la composición musical como ejemplo de trabajo genuinamente libre.
Los “feministas socialistas” falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques
En 2005, Sharon Smith, figura dirigente de la ISO que se pretende una teórica, publicó un libro, Women and Socialism: Essays on Women’s Liberation (La mujer y el socialismo: Ensayos sobre la liberación de la mujer, Haymarket Books), del cual se espera una nueva edición revisada y expandida para este año [2015]. Un extracto de esta nueva edición, “Theorizing Women’s Oppression: Domestic Labor and Women’s Oppress-ion” [Teorizando sobre la opresión de la mujer: El trabajo doméstico y la opresión de la mujer], publicado en International Socialist Review (marzo de 2013), delinea lo que la ISO define como su nuevo enfoque del feminismo. La “teorización” de Smith se basa en gran medida en el concepto de que el trabajo doméstico no remunerado es el fundamento de la opresión de la mujer, como lo presenta Vogel en Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory.
Smith comienza criticando a Karl Marx y Friedrich Engels, un requisito esencial para acceder al medio feminista pequeñoburgués: “La manera en que Marx y Engels describen la opresión de la mujer presenta frecuentemente componentes contradictorios: en algunos sentidos cuestionando fundamentalmente el status quo de género, pero meramente reflejándolo en otros”. Smith critica incluso más agudamente la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, un evento que los liberales, feministas o no, consideran en el mejor de los casos un experimento utópico fallido y, en el peor, el nacimiento de un estado policiaco totalitario.
Haciéndole el juego a los prejuicios anticomunistas, Smith afirma que los bolcheviques apoyaron el papel tradicional de la mujer, haciendo de la maternidad el más alto deber social: “A pesar de los enormes logros de la Revolución Rusa de 1917 —incluyendo la legalización del aborto y el divorcio, el derecho al voto y a contender por puestos públicos y la abrogación de leyes que criminalizaban la prostitución y la sexualidad gay—, ésta no produjo una teoría capaz de enfrentar las normas naturales heterosexuales o la prioridad dada al destino maternal de las mujeres”. Smith procede a citar una declaración de John Riddell, un historiador izquierdista que frecuentemente publica en la International Socialist Review de la ISO: “Las mujeres comunistas en ese periodo veían el tener hijos como una responsabilidad social y buscaban ayudar a las ‘mujeres pobres que desean experimentar la maternidad como la más elevada felicidad’”.
Apoyándose en una cita sacada de contexto, Smith y Riddell falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques. Los bolcheviques veían el remplazo de la familia a través de métodos colectivos para la crianza de los niños no como un objetivo distante en una futura sociedad comunista, sino como un programa que estaban empezando a implementar en el estado obrero ruso soviético existente. Alexandra Kollontai, una de las dirigentes del trabajo bolchevique entre las mujeres, abogó por instituciones socializadas que asumieran completa responsabilidad por los niños y su bienestar físico y sicológico desde la infancia. En su discurso al I Congreso de Mujeres Trabajadoras de Toda Rusia en 1918, declaró:
“Gradualmente, la sociedad se hará cargo de todas aquellas obligaciones que antes recaían sobre los padres...
“Existen ya casas para los niños lactantes, guarderías infantiles, jardines de la infancia, colonias y hogares para niños, enfermerías y sanatorios para los enfermos o delicados, restaurantes, comedores gratuitos para los discípulos en escuelas, libros de estudio gratuitos, ropas de abrigo y calzado para los niños de los establecimientos de enseñanza. ¿Todo esto no demuestra suficientemente que el niño sale ya del marco estrecho de la familia, pasando la carga de su crianza y educación de los padres a la colectividad?”
—“El comunismo y la familia”, Editorial Marxista, Barcelona, 1937
En una sociedad socialista, el personal encargado del cuidado y la educación en guarderías, jardines de niños y las escuelas preescolares estará compuesto de hombres y mujeres. De este modo —y sólo de este modo—, podrá eliminarse la división ancestral del trabajo entre hombres y mujeres en el cuidado de los niños pequeños.
El punto de vista de Kollontai acerca del futuro de la familia no era inusual entre los dirigentes bolcheviques. En La mujer, el estado y la revolución: Política familiar y vida social soviéticas, 1917-1936 (Ediciones IPS, 2010), Wendy Goldman, una académica estadounidense de simpatías liberales feministas, escribe que Aleksandr Goijbarg, el principal autor del primer Código Sobre el Matrimonio, la Familia y la Tutela (1918), “alentaba a los padres a rechazar ‘su amor estrecho e irracional por sus hijos’. Según su punto de vista la crianza del estado ‘proveería resultados ampliamente superiores al abordaje privado, individual, irracional y no científico de padres individualmente “amorosos” pero “ignorantes”’”. Los bolcheviques no buscaban únicamente liberar a las mujeres del fastidio doméstico y la dominación patriarcal, sino también liberar a los niños de los efectos, frecuentemente nocivos, de la autoridad parental.
Los bolcheviques y el cuidado colectivo de los niños
Haciendo eco de Vogel, Smith escribe:
“Si la función económica de la familia obrera, tan crucial en la reproducción de la fuerza de trabajo para el sistema capitalista —y que al mismo tiempo forma la raíz social de toda la opresión de la mujer—, fuera eliminada, se sentarían las bases materiales para la liberación de la mujer. Este resultado sólo puede empezar a obtenerse mediante la eliminación del sistema capitalista y su remplazo por una sociedad socialista que colectivice el trabajo doméstico antes asignado a las mujeres”.
Aquí, el uso que hace Smith del término “trabajo doméstico” resulta ambiguo. ¿Se refiere únicamente a los quehaceres domésticos y al cuidado físico de los niños pequeños? ¿Y qué hay del “trabajo doméstico” que implica lo que se considera la tutela parental hoy día en EE.UU.? Smith no nos lo dice. Simplemente ignora la cuestión de las relaciones interpersonales entre las madres y sus hijos: escuchar y hablar con ellos de sus problemas, deseos y miedos; enseñarles los primeros pasos en el lenguaje y las bases de higiene, seguridad y otras tareas prácticas; jugar con ellos; ayudarles con su tarea. Al ignorar estas interacciones como parte del dominio colectivo, la idea del socialismo de Smith es enteramente compatible con la preservación de la familia, excluyendo los quehaceres domésticos.
¿Por qué esta ambigüedad en una cuestión tan crucial? La ISO apela a los jóvenes idealistas de la izquierda liberal promoviendo una versión del “marxismo” adaptada a sus puntos de vista y a sus prejuicios. Esta organización no toma casi nunca una posición sobre tema alguno que sea verdaderamente impopular en el medio de los radicales liberales estadounidenses. Las jóvenes feministas encontrarán muy atractiva la idea de una vida familiar sin quehaceres domésticos. Pero, ¿abandonar la perspectiva de un hogar familiar propio y la preocupación exclusiva por sus “propios” hijos? La audiencia pequeñoburguesa a la que se dirige Smith se horrorizaría ante el programa bolchevique para la transformación de la vida cotidiana a través de los métodos colectivos de vida. Como escribió Kollontai:
“La mujer, a la que invitamos a que luche por la gran causa de la liberación de los trabajadores, tiene que saber que en el nuevo estado no habrá motivo alguno para separaciones mezquinas, como ocurre ahora.
“‘Estos son mis hijos. Ellos son los únicos a quienes debo toda mi atención maternal, todo mi afecto; ésos son hijos tuyos; son los hijos del vecino. No tengo nada que ver con ellos. Tengo bastante con los míos propios’.
“Desde ahora, la madre obrera que tenga plena conciencia de su función social, se elevará a tal extremo que llegará a no establecer diferencias entre ‘los tuyos y los míos’; tendrá que recordar siempre que desde ahora no habrá más que ‘nuestros’ hijos, los del estado comunista, posesión común de todos los trabajadores”.
En 1929, el Partido Comunista (PC) ruso todavía llamaba por la extinción de la familia, a pesar del ascenso al poder político de una casta burocrática conservadora dirigida por I.V. Stalin cinco años antes. Pero como escribimos en “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer”: “Para 1936-37, cuando la degeneración del PC ruso ya estaba completa, la doctrina estalinista declaró eso un ‘craso error’ y llamó por una ‘reconstrucción de la familia sobre una nueva base socialista’”.
La familia como una construcción social
Mientras que Smith y Riddell afirman falsamente que el régimen bolchevique de los primeros años apoyaba el papel tradicional de las mujeres como principales cuidadoras de sus niños pequeños, Goldman lo critica por no hacerlo:
“Los bolcheviques les adjudicaban poca importancia a los poderosos lazos emocionales entre padres e hijos. Asumían que la mayor parte del cuidado necesario de los niños, hasta de los más pequeños, podía ser relegado a empleados públicos pagos. Tendían a menospreciar el rol del lazo madre-hijo en la supervivencia infantil y el desarrollo del niño en edad temprana, por más que hasta un conocimiento rudimentario del trabajo de guarderías pre-revolucionarias hubiera revelado las tasas de supervivencia escandalosamente bajas para niños pequeños en contextos institucionales y los obstáculos para el desarrollo infantil sano”.
Esta analogía es completamente inválida. El trato y la suerte de los niños pequeños en los empobrecidos orfanatorios de la Rusia zarista no pueden ser comparados de ningún modo con el cuidado colectivo de los niños en una sociedad revolucionaria. Un estado obrero, particularmente en un país económicamente avanzando, tendría los recursos humanos y materiales para proporcionar un cuidado para los niños pequeños muy superior en todos los aspectos al de una madre en el contexto privado del hogar familiar.
Más aún, los bolcheviques pusieron gran énfasis en la salud y el bienestar de las madres y los niños. El Código Laboral de 1918 proporcionaba un descanso pagado de 30 minutos al menos cada tres horas para alimentar a un bebé. El programa de seguridad maternal implementado ese mismo año proveía una licencia por maternidad pagada de ocho semanas, recesos para el cuidado infantil e instalaciones de descanso en las fábricas para las mujeres en el trabajo, cuidado pre y postnatal gratuito y pensiones en efectivo. Con la red de clínicas de maternidad, consultorios, comedores, guarderías y hogares para las madres y los bebés, este programa probablemente fue la innovación más popular del régimen soviético entre las mujeres.
Los feministas en EE.UU. y otros lugares denuncian frecuentemente la proposición de que “la biología determina el destino” como una expresión de machismo. Y, sin embargo, Goldman asume que las mujeres, o incluso los hombres, que no tienen relación biológica con los bebés ni los niños pequeños son incapaces de desarrollar los mismos sentimientos de protección hacia ellos que sus madres biológicas. Los padres de niños adoptados probablemente tendrán algo que decir contra esta idea. Pero la práctica moderna de la adopción en EE.UU. también está basada en la idea de que sólo en el contexto de una “familia” —ya sea de madre y padre biológicos, padres adoptivos o padres gay o transgénero— los niños pueden recibir el cuidado y el amor necesarios. Lejos de ser un hecho natural, la idea de que los niños sólo pueden desarrollarse con éxito en el contexto de una familia es una construcción social.
Cuando la gente vivía como cazadores-recolectores (durante la vasta mayoría de los 200 mil años en los que ha existido nuestra especie), la banda o la tribu, no “la pareja”, era la unidad básica de la existencia humana. Un ejemplo del pasado no muy distante viene del testimonio de los misioneros jesuitas del siglo XVII entre el pueblo de cazadores naskapi de Labrador. Como lo cuenta Eleanor Burke Leacock en su magnífica introducción a El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de Engels (International Publishers, 1972), los jesuitas se quejaban de la libertad sexual de las mujeres naskapi, señalándole a un hombre que “no estaba seguro de que su hijo, que estaba ahí presente, fuera su hijo”. La respuesta del naskapi es reveladora: “Ustedes no tienen sentido. Ustedes los franceses aman sólo a sus propios hijos; pero nosotros amamos a todos los niños de nuestra tribu”.
La desaparición de las clases y la propiedad privada bajo el comunismo conduciría inevitablemente a la completa libertad en las relaciones sexuales y a la desaparición de cualquier concepto de legitimidad e ilegitimidad. Todo el mundo tendría acceso a los beneficios completos de la sociedad por el sólo hecho de ser ciudadano del soviet internacional.
La familia como portadora de la ideología burguesa
Vogel y Smith limitan implícitamente el concepto de trabajo doméstico a las actividades físicas. De ese modo, Smith escribe: “Las actividades cotidianas de la familia aún giran alrededor de la alimentación, el vestido, la limpieza y el cuidado en general de sus miembros, y esa responsabilidad aún recae principalmente en las mujeres”. Pero criar hijos con miras a su eventual ingreso al mercado laboral no es como criar becerros y corderos para el mercado ganadero. La reproducción de la fuerza de trabajo humana no tiene sólo un componente biológico, sino también uno social, es decir ideológico. Llevar a un niño a la iglesia o a recibir educación religiosa también es una forma de trabajo doméstico, importante a su modo para la preservación del sistema capitalista; lo mismo sucede con llevar a un niño a ver una película que glorifica los “valores familiares”, el patriotismo, etc. La familia es la principal institución a través de la cual la ideología burguesa en sus distintas formas se transmite de una generación a la siguiente.
En El ABC del comunismo (1919), escrito por dos dirigentes bolcheviques, Nikolai Bujarin y Evguenii Preobrazhensky, se explica cómo la diminuta minoría de capitalistas no puede dominar a la clase obrera utilizando sólo la fuerza física y la coerción impuestas por la policía y el ejército. La preservación del sistema capitalista también requiere de la fuerza de las ideas:
“La burguesía comprende que no puede someter a la clase obrera con la sola fuerza bruta. Sabe que es necesario nublar también el cerebro... El estado capitalista educa especialistas para el acretinamiento y la doma del proletariado: maestros burgueses y profesores, curas y obispos, plumíferos y periodistas burgueses”.
Bujarin y Preobrazhensky señalaron tres instituciones fundamentales para mantener el dominio ideológico de la burguesía: el sistema educativo, la iglesia y la prensa (los medios masivos actualmente incluyen también al cine, la televisión y el Internet).
En los países capitalistas avanzados, en los que los niños son normalmente considerados propiedad de sus padres, la familia tiene relaciones distintas con cada una de esas instituciones. A partir de los cinco o seis años, los niños están legalmente obligados a asistir a la escuela (pública o privada) y los niños más chicos con frecuencia van a preescolar. Desde muy temprana edad, los niños ven televisión; algunos padres, más frecuentemente las madres, controlan lo que ven. A diferencia de los maestros y los productores de televisión, los clérigos no tienen un acceso tan automático a los niños pequeños: en EE.UU. y otros países, los padres deciden si sus hijos reciben adoctrinamiento religioso o no. Al menos al inicio, este adoctrinamiento les es impuesto a los niños en contra de sus deseos subjetivos. Probablemente no hay en el planeta un niño de cuatro o cinco años que prefiera asistir a servicios religiosos en vez de jugar con otros niños.
Tomemos el caso de un niño de diez años cuyos padres son católicos practicantes. Desde que tiene memoria lo han llevado a misa. Ha ido a una escuela católica en vez de ir a la escuela pública, o adicionalmente a ésta. En casa, ha escuchado rezos antes de cada comida y experimentado múltiples expresiones de fe religiosa en la vida doméstica cotidiana. Hay grandes probabilidades de que un niño como éste suscriba las creencias y doctrinas católicas al menos hasta una etapa posterior de su vida en la que se vea libre de la autoridad de sus padres.
Por otro lado, veamos ahora el caso de un niño de diez años cuyos padres no son religiosos. Su conocimiento de la religión está limitado a lo que ha aprendido en la escuela pública e información ocasional obtenida de programas de televisión, películas y discusiones con otros niños de mentalidad religiosa. Un niño así casi seguramente no será religioso. Pero no tener religión no inmuniza a un niño de otras formas probablemente “progresistas” de ideología burguesa. Un niño criado por padres que suscriben el “humanismo secular” muy probablemente se considerará políticamente liberal en EE.UU. o socialdemócrata en Europa, y probablemente demostrará elitismo intelectual. Así mismo, existe una corriente del libertarismo ateo (asociada con Ayn Rand) que glorifica el individualismo egoísta y el capitalismo de “libre mercado”. La religión no es la única forma de ideología burguesa reaccionaria.
La familia oprime a los niños al igual que a las mujeres, y deforma muchísimo la conciencia de los hombres también. Los feministas, liberales y “socialistas”, ignoran este hecho social fundamental, si no es que abiertamente lo niegan. Para éstos, reconocer que la opresión de los niños es intrínseca a la familia significaría (¡horror de horrores!) criticar el comportamiento socialmente condicionado de las mujeres en su papel de madres. Marxistas autoproclamados como Vogel y Smith, que promueven la tesis de que el trabajo doméstico es la base de la opresión de las mujeres, tratan implícitamente a las mujeres como si sólo hicieran bien a sus hijos.
Contra la represión sexual de los niños
Aunque la mayoría de los feministas condenarían el abuso físico de los niños, en los hechos permanecen indiferentes al abuso sicológico. Por tomar sólo un ejemplo, los hijos de padres fundamentalistas cristianos (católicos o protestantes) sufren la tortura mental de creer que irán al infierno si no se portan bien.
La represión sexual de los niños, que se extiende a la adolescencia, está bastante más extendida y causa daños sicológicos más graves. La sociedad capitalista está diseñada para penalizar la expresión de sexualidad de los niños desde el nacimiento. Incluso los padres más instruidos no pueden proteger a sus hijos de la ideología moralista y antisexo que permea la sociedad estadounidense —desde los pasillos decorados en azul y rosa en las jugueterías hasta la prohibición de desnudez en público y la demonización de la actividad sexual de los niños, incluida la masturbación—. Como principales cuidadoras de los bebés y los niños pequeños, las madres (más que los padres), inician el proceso de represión sexual, enseñándoles a los niños a sentirse avergonzados de sus cuerpos y a suprimir su curiosidad natural.
August Bebel, uno de los principales dirigentes de la socialdemocracia alemana a finales del siglo XIX y principios del XX, parece un libertario sexual radical en comparación de los “feministas socialistas” de hoy en día. En La mujer y el socialismo, insistía:
“La satisfacción del instinto sexual es asunto personal de cada uno lo mismo que la satisfacción de cualquier otro instinto natural. Nadie tendrá que dar cuentas a otro ni se entremezclará nadie a quien no se le llame... El hecho de que desaparezca esa vergüenza tonta y ese ridículo secreto para hablar de las cosas sexuales, dará al trato entre los sexos una forma mucho más natural que hoy” [énfasis en el original].
Uno puede leer cientos de páginas escritas por los “feministas socialistas” modernos sin encontrar un solo argumento de que una sociedad socialista le permitirá a todo mundo satisfacer mejor sus deseos y necesidades sexuales.
El futuro comunista
Bajo el comunismo, la gente tendrá la genuina y auténtica libertad de construir y reconstruir sus relaciones interpersonales. Desde luego, esta libertad no es absoluta. La humanidad no puede trascender sus características biológicas y su relación con el entorno natural. El hombre y la mujer comunistas también envejecerán y morirán. Tampoco es posible borrar por completo el pasado y construir la sociedad desde cero. La humanidad comunista heredará, para bien y para mal, el legado cultural acumulado de nuestra especie. No podemos s aber qué prácticas sexuales existirán en la sociedad comunista porque serán determinadas en el futuro. Cualquier proyección, y más aún una prescripción, llevaría consigo las actitudes, los valores y los prejuicios formados en una sociedad de clases represiva.
Una diferencia fundamental entre los marxistas y los feministas, ya sean liberales o supuestamente socialistas, es que nuestro objetivo final no es la equidad entre los géneros como tal, sino el desarrollo progresista de la especie humana en su conjunto. La crianza comunal de los niños bajo condiciones de abundancia material y riqueza cultural producirá seres humanos cuyas capacidades mentales y bienestar sicológico serán vastamente superiores a las de la gente en esta sociedad empobrecida, opresiva y dividida en clases. En un discurso de 1932 acerca de la Revolución Rusa, “¿Qué fue la Revolución Rusa?”, León Trotsky dijo:
“Verdad es que la humanidad ha producido más de una vez gigantes del pensamiento y de la acción que sobrepasaban a sus contemporáneos como cumbres en una cadena de montañas. El género humano tiene derecho a estar orgulloso de sus Aristóteles, Shakespeare, Darwin, Beethoven, Goethe, Marx, Edison, Lenin. ¿Pero por qué estos hombres son tan escasos? Ante todo, porque han salido, casi sin excepción, de las clases elevadas y medias. Salvo raras excepciones, los destellos del genio quedan ahogados en las entrañas oprimidas del pueblo, antes que ellas puedan incluso brotar. Pero también porque el proceso de generación, de desarrollo y de educación del hombre permaneció y permanece siendo en su esencia obra del azar; no esclarecido por la teoría y la práctica; no sometido a la conciencia y a la voluntad...
“Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre trabajará sobre sí mismo en los morteros, con las herramientas del químico. Por primera vez, la humanidad se considerará a sí misma como una materia prima y, en el mejor de los casos, como un producto semiacabado físico y psíquico. El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. También es en este sentido que el hombre de hoy, lleno de contradicciones y sin armonía, franqueará la vía hacia una nueva especie más feliz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
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2016.06.07 04:08 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 2 - 2 ) (Mayo de 2016)

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Pero, ¿cómo se logrará esta reducción y redistribución del trabajo doméstico? En la transición de la dictadura del proletariado al comunismo pleno, la transformación de la familia es un corolario de la expansión de la producción y el aumento de la abundancia. Su extinción o desintegración es resultado del éxito económico. En el proceso, será remplazada por nuevas formas de vivir que serán inconmensurablemente más ricas, humanas y gratificantes. Bien puede haber la necesidad de desarrollar algunas reglas en el curso de esta transformación conforme la gente busque nuevos modos de vida. En el periodo de transición, será la tarea del colectivo democrático de los obreros, el soviet, construir alternativas y guiar el proceso.
Vogel no plantea la cuestión crucial: cuando la mujer se libere de la esclavitud doméstica, ¿será libre para hacer qué? ¿La reducción del tiempo que pase en el trabajo doméstico será compensada por un aumento comparable en el tiempo que pase en su trabajo, dos horas menos lavando ropa y trapeando pisos, dos horas más en la línea de ensamblaje de la fábrica? Ésa ciertamente no es la idea marxista de la liberación de la mujer.
Remplazar el trabajo doméstico y la crianza de los niños con instituciones colectivas son aspectos de un cambio fundamental en la relación entre producción y tiempo de trabajo. Bajo una economía socialista planificada, todo tipo de actividad económica —desde la producción de acero y computadoras hasta la limpieza de la ropa, los pisos y los muebles— pasará por un constante y rápido aumento en la cantidad de producto por unidad de trabajo aplicado. Mucho antes de que se logre una sociedad comunista, es probable que la mayor parte del trabajo doméstico ya se haya automatizado. Más en general, habrá una reducción continua del tiempo de trabajo total necesario para la producción y el mantenimiento de los bienes de consumo y los medios de producción.
En una sociedad plenamente comunista, la mayor parte del tiempo será lo que ahora llamamos “tiempo libre”. El trabajo necesario absorberá una porción tan pequeña de tiempo y energía que cada individuo se lo concederá libremente al colectivo social. Todos dispondrán del tiempo y de los recursos materiales y culturales necesarios para realizar trabajo creativo y gratificante. En los Grundrisse (1857), Marx cita la composición musical como ejemplo de trabajo genuinamente libre.
Los “feministas socialistas” falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques
En 2005, Sharon Smith, figura dirigente de la ISO que se pretende una teórica, publicó un libro, Women and Socialism: Essays on Women’s Liberation (La mujer y el socialismo: Ensayos sobre la liberación de la mujer, Haymarket Books), del cual se espera una nueva edición revisada y expandida para este año [2015]. Un extracto de esta nueva edición, “Theorizing Women’s Oppression: Domestic Labor and Women’s Oppress-ion” [Teorizando sobre la opresión de la mujer: El trabajo doméstico y la opresión de la mujer], publicado en International Socialist Review (marzo de 2013), delinea lo que la ISO define como su nuevo enfoque del feminismo. La “teorización” de Smith se basa en gran medida en el concepto de que el trabajo doméstico no remunerado es el fundamento de la opresión de la mujer, como lo presenta Vogel en Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory.
Smith comienza criticando a Karl Marx y Friedrich Engels, un requisito esencial para acceder al medio feminista pequeñoburgués: “La manera en que Marx y Engels describen la opresión de la mujer presenta frecuentemente componentes contradictorios: en algunos sentidos cuestionando fundamentalmente el status quo de género, pero meramente reflejándolo en otros”. Smith critica incluso más agudamente la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, un evento que los liberales, feministas o no, consideran en el mejor de los casos un experimento utópico fallido y, en el peor, el nacimiento de un estado policiaco totalitario.
Haciéndole el juego a los prejuicios anticomunistas, Smith afirma que los bolcheviques apoyaron el papel tradicional de la mujer, haciendo de la maternidad el más alto deber social: “A pesar de los enormes logros de la Revolución Rusa de 1917 —incluyendo la legalización del aborto y el divorcio, el derecho al voto y a contender por puestos públicos y la abrogación de leyes que criminalizaban la prostitución y la sexualidad gay—, ésta no produjo una teoría capaz de enfrentar las normas naturales heterosexuales o la prioridad dada al destino maternal de las mujeres”. Smith procede a citar una declaración de John Riddell, un historiador izquierdista que frecuentemente publica en la International Socialist Review de la ISO: “Las mujeres comunistas en ese periodo veían el tener hijos como una responsabilidad social y buscaban ayudar a las ‘mujeres pobres que desean experimentar la maternidad como la más elevada felicidad’”.
Apoyándose en una cita sacada de contexto, Smith y Riddell falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques. Los bolcheviques veían el remplazo de la familia a través de métodos colectivos para la crianza de los niños no como un objetivo distante en una futura sociedad comunista, sino como un programa que estaban empezando a implementar en el estado obrero ruso soviético existente. Alexandra Kollontai, una de las dirigentes del trabajo bolchevique entre las mujeres, abogó por instituciones socializadas que asumieran completa responsabilidad por los niños y su bienestar físico y sicológico desde la infancia. En su discurso al I Congreso de Mujeres Trabajadoras de Toda Rusia en 1918, declaró:
“Gradualmente, la sociedad se hará cargo de todas aquellas obligaciones que antes recaían sobre los padres...
“Existen ya casas para los niños lactantes, guarderías infantiles, jardines de la infancia, colonias y hogares para niños, enfermerías y sanatorios para los enfermos o delicados, restaurantes, comedores gratuitos para los discípulos en escuelas, libros de estudio gratuitos, ropas de abrigo y calzado para los niños de los establecimientos de enseñanza. ¿Todo esto no demuestra suficientemente que el niño sale ya del marco estrecho de la familia, pasando la carga de su crianza y educación de los padres a la colectividad?”
—“El comunismo y la familia”, Editorial Marxista, Barcelona, 1937
En una sociedad socialista, el personal encargado del cuidado y la educación en guarderías, jardines de niños y las escuelas preescolares estará compuesto de hombres y mujeres. De este modo —y sólo de este modo—, podrá eliminarse la división ancestral del trabajo entre hombres y mujeres en el cuidado de los niños pequeños.
El punto de vista de Kollontai acerca del futuro de la familia no era inusual entre los dirigentes bolcheviques. En La mujer, el estado y la revolución: Política familiar y vida social soviéticas, 1917-1936 (Ediciones IPS, 2010), Wendy Goldman, una académica estadounidense de simpatías liberales feministas, escribe que Aleksandr Goijbarg, el principal autor del primer Código Sobre el Matrimonio, la Familia y la Tutela (1918), “alentaba a los padres a rechazar ‘su amor estrecho e irracional por sus hijos’. Según su punto de vista la crianza del estado ‘proveería resultados ampliamente superiores al abordaje privado, individual, irracional y no científico de padres individualmente “amorosos” pero “ignorantes”’”. Los bolcheviques no buscaban únicamente liberar a las mujeres del fastidio doméstico y la dominación patriarcal, sino también liberar a los niños de los efectos, frecuentemente nocivos, de la autoridad parental.
Los bolcheviques y el cuidado colectivo de los niños
Haciendo eco de Vogel, Smith escribe:
“Si la función económica de la familia obrera, tan crucial en la reproducción de la fuerza de trabajo para el sistema capitalista —y que al mismo tiempo forma la raíz social de toda la opresión de la mujer—, fuera eliminada, se sentarían las bases materiales para la liberación de la mujer. Este resultado sólo puede empezar a obtenerse mediante la eliminación del sistema capitalista y su remplazo por una sociedad socialista que colectivice el trabajo doméstico antes asignado a las mujeres”.
Aquí, el uso que hace Smith del término “trabajo doméstico” resulta ambiguo. ¿Se refiere únicamente a los quehaceres domésticos y al cuidado físico de los niños pequeños? ¿Y qué hay del “trabajo doméstico” que implica lo que se considera la tutela parental hoy día en EE.UU.? Smith no nos lo dice. Simplemente ignora la cuestión de las relaciones interpersonales entre las madres y sus hijos: escuchar y hablar con ellos de sus problemas, deseos y miedos; enseñarles los primeros pasos en el lenguaje y las bases de higiene, seguridad y otras tareas prácticas; jugar con ellos; ayudarles con su tarea. Al ignorar estas interacciones como parte del dominio colectivo, la idea del socialismo de Smith es enteramente compatible con la preservación de la familia, excluyendo los quehaceres domésticos.
¿Por qué esta ambigüedad en una cuestión tan crucial? La ISO apela a los jóvenes idealistas de la izquierda liberal promoviendo una versión del “marxismo” adaptada a sus puntos de vista y a sus prejuicios. Esta organización no toma casi nunca una posición sobre tema alguno que sea verdaderamente impopular en el medio de los radicales liberales estadounidenses. Las jóvenes feministas encontrarán muy atractiva la idea de una vida familiar sin quehaceres domésticos. Pero, ¿abandonar la perspectiva de un hogar familiar propio y la preocupación exclusiva por sus “propios” hijos? La audiencia pequeñoburguesa a la que se dirige Smith se horrorizaría ante el programa bolchevique para la transformación de la vida cotidiana a través de los métodos colectivos de vida. Como escribió Kollontai:
“La mujer, a la que invitamos a que luche por la gran causa de la liberación de los trabajadores, tiene que saber que en el nuevo estado no habrá motivo alguno para separaciones mezquinas, como ocurre ahora.
“‘Estos son mis hijos. Ellos son los únicos a quienes debo toda mi atención maternal, todo mi afecto; ésos son hijos tuyos; son los hijos del vecino. No tengo nada que ver con ellos. Tengo bastante con los míos propios’.
“Desde ahora, la madre obrera que tenga plena conciencia de su función social, se elevará a tal extremo que llegará a no establecer diferencias entre ‘los tuyos y los míos’; tendrá que recordar siempre que desde ahora no habrá más que ‘nuestros’ hijos, los del estado comunista, posesión común de todos los trabajadores”.
En 1929, el Partido Comunista (PC) ruso todavía llamaba por la extinción de la familia, a pesar del ascenso al poder político de una casta burocrática conservadora dirigida por I.V. Stalin cinco años antes. Pero como escribimos en “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer”: “Para 1936-37, cuando la degeneración del PC ruso ya estaba completa, la doctrina estalinista declaró eso un ‘craso error’ y llamó por una ‘reconstrucción de la familia sobre una nueva base socialista’”.
La familia como una construcción social
Mientras que Smith y Riddell afirman falsamente que el régimen bolchevique de los primeros años apoyaba el papel tradicional de las mujeres como principales cuidadoras de sus niños pequeños, Goldman lo critica por no hacerlo:
“Los bolcheviques les adjudicaban poca importancia a los poderosos lazos emocionales entre padres e hijos. Asumían que la mayor parte del cuidado necesario de los niños, hasta de los más pequeños, podía ser relegado a empleados públicos pagos. Tendían a menospreciar el rol del lazo madre-hijo en la supervivencia infantil y el desarrollo del niño en edad temprana, por más que hasta un conocimiento rudimentario del trabajo de guarderías pre-revolucionarias hubiera revelado las tasas de supervivencia escandalosamente bajas para niños pequeños en contextos institucionales y los obstáculos para el desarrollo infantil sano”.
Esta analogía es completamente inválida. El trato y la suerte de los niños pequeños en los empobrecidos orfanatorios de la Rusia zarista no pueden ser comparados de ningún modo con el cuidado colectivo de los niños en una sociedad revolucionaria. Un estado obrero, particularmente en un país económicamente avanzando, tendría los recursos humanos y materiales para proporcionar un cuidado para los niños pequeños muy superior en todos los aspectos al de una madre en el contexto privado del hogar familiar.
Más aún, los bolcheviques pusieron gran énfasis en la salud y el bienestar de las madres y los niños. El Código Laboral de 1918 proporcionaba un descanso pagado de 30 minutos al menos cada tres horas para alimentar a un bebé. El programa de seguridad maternal implementado ese mismo año proveía una licencia por maternidad pagada de ocho semanas, recesos para el cuidado infantil e instalaciones de descanso en las fábricas para las mujeres en el trabajo, cuidado pre y postnatal gratuito y pensiones en efectivo. Con la red de clínicas de maternidad, consultorios, comedores, guarderías y hogares para las madres y los bebés, este programa probablemente fue la innovación más popular del régimen soviético entre las mujeres.
Los feministas en EE.UU. y otros lugares denuncian frecuentemente la proposición de que “la biología determina el destino” como una expresión de machismo. Y, sin embargo, Goldman asume que las mujeres, o incluso los hombres, que no tienen relación biológica con los bebés ni los niños pequeños son incapaces de desarrollar los mismos sentimientos de protección hacia ellos que sus madres biológicas. Los padres de niños adoptados probablemente tendrán algo que decir contra esta idea. Pero la práctica moderna de la adopción en EE.UU. también está basada en la idea de que sólo en el contexto de una “familia” —ya sea de madre y padre biológicos, padres adoptivos o padres gay o transgénero— los niños pueden recibir el cuidado y el amor necesarios. Lejos de ser un hecho natural, la idea de que los niños sólo pueden desarrollarse con éxito en el contexto de una familia es una construcción social.
Cuando la gente vivía como cazadores-recolectores (durante la vasta mayoría de los 200 mil años en los que ha existido nuestra especie), la banda o la tribu, no “la pareja”, era la unidad básica de la existencia humana. Un ejemplo del pasado no muy distante viene del testimonio de los misioneros jesuitas del siglo XVII entre el pueblo de cazadores naskapi de Labrador. Como lo cuenta Eleanor Burke Leacock en su magnífica introducción a El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de Engels (International Publishers, 1972), los jesuitas se quejaban de la libertad sexual de las mujeres naskapi, señalándole a un hombre que “no estaba seguro de que su hijo, que estaba ahí presente, fuera su hijo”. La respuesta del naskapi es reveladora: “Ustedes no tienen sentido. Ustedes los franceses aman sólo a sus propios hijos; pero nosotros amamos a todos los niños de nuestra tribu”.
La desaparición de las clases y la propiedad privada bajo el comunismo conduciría inevitablemente a la completa libertad en las relaciones sexuales y a la desaparición de cualquier concepto de legitimidad e ilegitimidad. Todo el mundo tendría acceso a los beneficios completos de la sociedad por el sólo hecho de ser ciudadano del soviet internacional.
La familia como portadora de la ideología burguesa
Vogel y Smith limitan implícitamente el concepto de trabajo doméstico a las actividades físicas. De ese modo, Smith escribe: “Las actividades cotidianas de la familia aún giran alrededor de la alimentación, el vestido, la limpieza y el cuidado en general de sus miembros, y esa responsabilidad aún recae principalmente en las mujeres”. Pero criar hijos con miras a su eventual ingreso al mercado laboral no es como criar becerros y corderos para el mercado ganadero. La reproducción de la fuerza de trabajo humana no tiene sólo un componente biológico, sino también uno social, es decir ideológico. Llevar a un niño a la iglesia o a recibir educación religiosa también es una forma de trabajo doméstico, importante a su modo para la preservación del sistema capitalista; lo mismo sucede con llevar a un niño a ver una película que glorifica los “valores familiares”, el patriotismo, etc. La familia es la principal institución a través de la cual la ideología burguesa en sus distintas formas se transmite de una generación a la siguiente.
En El ABC del comunismo (1919), escrito por dos dirigentes bolcheviques, Nikolai Bujarin y Evguenii Preobrazhensky, se explica cómo la diminuta minoría de capitalistas no puede dominar a la clase obrera utilizando sólo la fuerza física y la coerción impuestas por la policía y el ejército. La preservación del sistema capitalista también requiere de la fuerza de las ideas:
“La burguesía comprende que no puede someter a la clase obrera con la sola fuerza bruta. Sabe que es necesario nublar también el cerebro... El estado capitalista educa especialistas para el acretinamiento y la doma del proletariado: maestros burgueses y profesores, curas y obispos, plumíferos y periodistas burgueses”.
Bujarin y Preobrazhensky señalaron tres instituciones fundamentales para mantener el dominio ideológico de la burguesía: el sistema educativo, la iglesia y la prensa (los medios masivos actualmente incluyen también al cine, la televisión y el Internet).
En los países capitalistas avanzados, en los que los niños son normalmente considerados propiedad de sus padres, la familia tiene relaciones distintas con cada una de esas instituciones. A partir de los cinco o seis años, los niños están legalmente obligados a asistir a la escuela (pública o privada) y los niños más chicos con frecuencia van a preescolar. Desde muy temprana edad, los niños ven televisión; algunos padres, más frecuentemente las madres, controlan lo que ven. A diferencia de los maestros y los productores de televisión, los clérigos no tienen un acceso tan automático a los niños pequeños: en EE.UU. y otros países, los padres deciden si sus hijos reciben adoctrinamiento religioso o no. Al menos al inicio, este adoctrinamiento les es impuesto a los niños en contra de sus deseos subjetivos. Probablemente no hay en el planeta un niño de cuatro o cinco años que prefiera asistir a servicios religiosos en vez de jugar con otros niños.
Tomemos el caso de un niño de diez años cuyos padres son católicos practicantes. Desde que tiene memoria lo han llevado a misa. Ha ido a una escuela católica en vez de ir a la escuela pública, o adicionalmente a ésta. En casa, ha escuchado rezos antes de cada comida y experimentado múltiples expresiones de fe religiosa en la vida doméstica cotidiana. Hay grandes probabilidades de que un niño como éste suscriba las creencias y doctrinas católicas al menos hasta una etapa posterior de su vida en la que se vea libre de la autoridad de sus padres.
Por otro lado, veamos ahora el caso de un niño de diez años cuyos padres no son religiosos. Su conocimiento de la religión está limitado a lo que ha aprendido en la escuela pública e información ocasional obtenida de programas de televisión, películas y discusiones con otros niños de mentalidad religiosa. Un niño así casi seguramente no será religioso. Pero no tener religión no inmuniza a un niño de otras formas probablemente “progresistas” de ideología burguesa. Un niño criado por padres que suscriben el “humanismo secular” muy probablemente se considerará políticamente liberal en EE.UU. o socialdemócrata en Europa, y probablemente demostrará elitismo intelectual. Así mismo, existe una corriente del libertarismo ateo (asociada con Ayn Rand) que glorifica el individualismo egoísta y el capitalismo de “libre mercado”. La religión no es la única forma de ideología burguesa reaccionaria.
La familia oprime a los niños al igual que a las mujeres, y deforma muchísimo la conciencia de los hombres también. Los feministas, liberales y “socialistas”, ignoran este hecho social fundamental, si no es que abiertamente lo niegan. Para éstos, reconocer que la opresión de los niños es intrínseca a la familia significaría (¡horror de horrores!) criticar el comportamiento socialmente condicionado de las mujeres en su papel de madres. Marxistas autoproclamados como Vogel y Smith, que promueven la tesis de que el trabajo doméstico es la base de la opresión de las mujeres, tratan implícitamente a las mujeres como si sólo hicieran bien a sus hijos.
Contra la represión sexual de los niños
Aunque la mayoría de los feministas condenarían el abuso físico de los niños, en los hechos permanecen indiferentes al abuso sicológico. Por tomar sólo un ejemplo, los hijos de padres fundamentalistas cristianos (católicos o protestantes) sufren la tortura mental de creer que irán al infierno si no se portan bien.
La represión sexual de los niños, que se extiende a la adolescencia, está bastante más extendida y causa daños sicológicos más graves. La sociedad capitalista está diseñada para penalizar la expresión de sexualidad de los niños desde el nacimiento. Incluso los padres más instruidos no pueden proteger a sus hijos de la ideología moralista y antisexo que permea la sociedad estadounidense —desde los pasillos decorados en azul y rosa en las jugueterías hasta la prohibición de desnudez en público y la demonización de la actividad sexual de los niños, incluida la masturbación—. Como principales cuidadoras de los bebés y los niños pequeños, las madres (más que los padres), inician el proceso de represión sexual, enseñándoles a los niños a sentirse avergonzados de sus cuerpos y a suprimir su curiosidad natural.
August Bebel, uno de los principales dirigentes de la socialdemocracia alemana a finales del siglo XIX y principios del XX, parece un libertario sexual radical en comparación de los “feministas socialistas” de hoy en día. En La mujer y el socialismo, insistía:
“La satisfacción del instinto sexual es asunto personal de cada uno lo mismo que la satisfacción de cualquier otro instinto natural. Nadie tendrá que dar cuentas a otro ni se entremezclará nadie a quien no se le llame... El hecho de que desaparezca esa vergüenza tonta y ese ridículo secreto para hablar de las cosas sexuales, dará al trato entre los sexos una forma mucho más natural que hoy” [énfasis en el original].
Uno puede leer cientos de páginas escritas por los “feministas socialistas” modernos sin encontrar un solo argumento de que una sociedad socialista le permitirá a todo mundo satisfacer mejor sus deseos y necesidades sexuales.
El futuro comunista
Bajo el comunismo, la gente tendrá la genuina y auténtica libertad de construir y reconstruir sus relaciones interpersonales. Desde luego, esta libertad no es absoluta. La humanidad no puede trascender sus características biológicas y su relación con el entorno natural. El hombre y la mujer comunistas también envejecerán y morirán. Tampoco es posible borrar por completo el pasado y construir la sociedad desde cero. La humanidad comunista heredará, para bien y para mal, el legado cultural acumulado de nuestra especie. No podemos s aber qué prácticas sexuales existirán en la sociedad comunista porque serán determinadas en el futuro. Cualquier proyección, y más aún una prescripción, llevaría consigo las actitudes, los valores y los prejuicios formados en una sociedad de clases represiva.
Una diferencia fundamental entre los marxistas y los feministas, ya sean liberales o supuestamente socialistas, es que nuestro objetivo final no es la equidad entre los géneros como tal, sino el desarrollo progresista de la especie humana en su conjunto. La crianza comunal de los niños bajo condiciones de abundancia material y riqueza cultural producirá seres humanos cuyas capacidades mentales y bienestar sicológico serán vastamente superiores a las de la gente en esta sociedad empobrecida, opresiva y dividida en clases. En un discurso de 1932 acerca de la Revolución Rusa, “¿Qué fue la Revolución Rusa?”, León Trotsky dijo:
“Verdad es que la humanidad ha producido más de una vez gigantes del pensamiento y de la acción que sobrepasaban a sus contemporáneos como cumbres en una cadena de montañas. El género humano tiene derecho a estar orgulloso de sus Aristóteles, Shakespeare, Darwin, Beethoven, Goethe, Marx, Edison, Lenin. ¿Pero por qué estos hombres son tan escasos? Ante todo, porque han salido, casi sin excepción, de las clases elevadas y medias. Salvo raras excepciones, los destellos del genio quedan ahogados en las entrañas oprimidas del pueblo, antes que ellas puedan incluso brotar. Pero también porque el proceso de generación, de desarrollo y de educación del hombre permaneció y permanece siendo en su esencia obra del azar; no esclarecido por la teoría y la práctica; no sometido a la conciencia y a la voluntad...
“Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre trabajará sobre sí mismo en los morteros, con las herramientas del químico. Por primera vez, la humanidad se considerará a sí misma como una materia prima y, en el mejor de los casos, como un producto semiacabado físico y psíquico. El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. También es en este sentido que el hombre de hoy, lleno de contradicciones y sin armonía, franqueará la vía hacia una nueva especie más feliz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
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2015.06.30 07:01 josema3 La hipocresía del discurso a favor de la Ideología de Género y del homosexualismo

Los medios de comunicación hacen una inmensa contribución a la guerra de sexos. No en vano, las chicas que ahora tienen veinte años han crecido con la idea, bien consciente o inconsciente, de que todos los hombres son agresores potenciales y un peligro para ellas a todos los niveles.
También han hecho que todos los hombres vivan un inmenso complejo de culpa que no les corresponde.
Este tipo de relaciones tan deterioradas entre sexos que desea esta especie de pseudofeminismo que padecemos, conduce invariablemente a una segregación entre los mismos.
En consecuencia, bajo esas circunstancias, a medio plazo, el único refugio posible para la afectividad y para el amor será la homosexualidad para un número importante de personas.
Y ese es justamente el objetivo de esa ponzoña “feminazi”: La homosexualización de los hombres y la lesbianización de las mujeres, minando cada vez más a la heterosexualidad como una opción de vida, criminalizándola y haciéndola cada vez peor vista socialmente.
Su aterradora visión corresponde a una sociedad donde las relaciones de cualquier tipo entre ambos sexos sean cada vez más limitadas y que al mismo tiempo se tome a la androginia como el arquetipo del ser humano ideal.
La tendencia a la androginia conduce a una desustancialización de todo lo masculino y lo femenino, lo cual, es un proceso perfectamente observable en la realidad de la calle. Todo eso responde a una ingeniería social absolutamente premeditada y estudiada hasta el más mínimo detalle.
Se profundizará mucho mas en toda esta situación entre las nuevas generaciones dado que para ellos todas esas ideas formarán parte de la “naturaleza de las cosas” puesto que no habrán conocido ningún otro referente en sentido contrario.
Íntimamente relacionado con la Ideología de Género esta el Movimiento Gay, aunque no con los homosexuales considerados a nivel individual.
Cada vez más hombres que se han visto derrotados por la guerra psicológica de la poderosa Ideología de Género, que goza de todo el favor del Estado y de los medios de comunicación, buscan la afectividad en relaciones homosexuales a modo de alternativa. Exactamente lo mismo está ocurriendo con un creciente número de mujeres.
Ello nos conduce a la idea de que esas personas no han sido plenamente libres a la hora de escoger su opción sexual. Sencillamente se les ha puesto muy complicado vivir el amor hacia el otro sexo.
Muchas de estas personas que, hoy en día, se acercan a la homosexualidad, son “socializadas” dentro del denominado “Movimiento Gay”, lo cual va mucho más lejos que la mera elección de una opción sexual determinada.
Si alguno de ellos decidiera volver a vivir el amor hacia el otro sexo se le pondría mil y un impedimentos a nivel psicológico.
Aunque resulte sorprendente, existe un número significativo de casos de homosexuales que, tras un proceso complejo y doloroso, han dejado de serlo y han pasado a ser heterosexuales.
Sin embargo, sus voces son acalladas y toda la literatura sobre este tipo de casos es censurada debido a las presiones ejercidas por el “lobby homosexual”.
Dicho de otra manera: está permitido e incluso aplaudido hacerse homosexual pero está prohibido dejar de serlo. La idea principal es la de que no es posible salirse de la “secta gay”. Y ya con esto la cuadratura del círculo queda completa.
Frente al estereotipo que la misma “ingeniería social de género” ha creado sobre los varones heterosexuales, es decir: seres violentos, crueles y con unas capacidades intelectuales no demasiado desarrolladas, la Ideología de Género ha construido una imagen de los homosexuales que les presenta como personas rebosantes de amor, de sensibilidad y de bondad.
Hasta el punto de que muchas voces del “Movimiento Gay” sugieren que si en el mundo predominaran los valores homosexuales y en última instancia, si la mayoría de la población fuera gay, viviríamos en un mundo infinitamente mejor.
No somos pocos los que pensamos justamente lo contrario: Las élites que dominan el mundo son mayoritariamente homosexuales y el mundo es una gran montaña de mierda, en todos los aspectos, gracias en buena medida, a esas mismas élites mayoritariamente homosexuales.
La agenda política del Estado muestra claramente la relación existente entre la Ideología de Género y el Movimiento Gay:
El ejemplo mas emblemático: la Ley de la Violencia de Género abunda en la guerra de sexos y la Ley del Matrimonio Gay normaliza a la homosexualidad que previamente ha sido favorecida por la propia guerra de sexos instigada por el Estado y por los medios de comunicación. Ese es el engranaje interno de la agenda política dominada por la Ideología de Género.
Y ciertamente, es importante reseñar que, en términos generales, el modelo español en materia de aplicación de las, así llamadas, políticas de género, se ha convertido en una referencia a nivel mundial.
Entre otras cosas, desafortunadamente, gracias a su altísimo grado de éxito en bastantes aspectos de su desarrollo.
La homosexualización de las sociedades es profundamente conveniente para el Neoliberalismo: No olvidemos que en el fondo, las bases ideológicas del Neoliberalismo siguen siendo Malthus, Adam Smith, y el Darwinismo Social.
En este caso, la idea de la homosexualización de las sociedades ha de vincularse con Malthus.
En apenas cien años la población mundial ha aumentado en nada menos que en mil millones de habitantes, dejando un total de siete mil millones de personas en este planeta.
Esa progresión es insostenible para el modelo de dominación neoliberal a nivel energético, alimenticio, productivo etc etc .
Para la oligarquía mundial se torna vital disminuir sustancialmente la población mundial. La homosexualización de las sociedades es una de las estrategias aunque no la única.
Por supuesto, las sociedades en las que antes penetra este tipo de políticas disfrazadas de progresismo son las occidentales. Pero el objetivo es que se extiendan a todos los rincones del mundo.
Penetran antes en las sociedades occidentales porque es donde mayor capacidad de influencia tienen determinados think-tanks financiados por una oligarquía cuyo sueño húmedo más recurrente es el de transformar al ser humano en una especie de animal de compañía.
De una manera más concreta, ese estado de cosas puede corroborarse haciendo un simple ejercicio de observación de las políticas de población desarrolladas por Naciones Unidas:
Naciones Unidas a través del Fondo para la para la Población, de la OMS o de la UNESCO lleva desde hace muchos años promoviendo el control de la población en el Tercer Mundo.
Y hoy en día, desde esas agencias de Naciones Unidas se utiliza también la Ideología de Género para extender el control de la población.
Otro ejemplo relevante de esta realidad, es el de las políticas llevadas a cabo por organización supranacional más importante del mundo, la Unión Europea, que también ha invertido mucho dinero y esfuerzo para implementar las llamadas políticas de género.
De hecho, el 70% del dinero que recibe el “Movimiento Gay” en Europa procede de la Unión Europea.
La misma Unión Europea que infringe sufrimiento a la población a través de enormes recortes sociales al servicio de la ideología neoliberal. ¿Todo eso lo hacen porque nos quieren mucho?
Consecuentemente, desde las centrales de pensamiento estas ideas descienden como una lluvia fina a todos los resortes de poder, entre los cuales destacan, obviamente, el Estado y los medios de comunicación tradicionales.
Por otra parte, los planes de reducción demográfica de las élites económicas y políticas no pueden ser un secreto para nadie después de escuchar las declaraciones de Cristine Lagarde, la directora del FMI, insinuado que en España vivimos demasiado refiriéndose a que nos gastábamos demasiado dinero en pensiones.
Nunca se ha demostrado el innatismo de la homosexualidad, jamás se ha encontrado un supuesto “gen gay”. Los mas que se ha llegado a determinar son diferentes niveles de testosterona entre los varones desde el nacimiento. Y ello no ha conducido a grandes conclusiones que aporten pruebas del innatismo homosexual.
Si algún día, se llegara a encontrar “el gen gay” harían hasta pegatinas y camisetas con su nombre. Pero me temo que eso no va a ocurrir.
La teoría del innatismo homosexual se basa en un fraude científico orquestado por el psicópata, zoofilico y violador de niños Alfred C. Kinsey con su afirmación de que en toda sociedad existe un 10 % de homosexuales.
Por ejemplo, el 25% de los sujetos estudiados por este “investigador” eran o habían sido reclusos en una prisión.
De hecho la cifra del 10% era una distorsión de lo descubierto por Kinsey: el número de hombres que mantienen una preferencia homosexual durante toda la vida era un todavía inferior 4%, y en el caso de las mujeres, más o menos, la mitad.
Pero pocos leyeron lo suficiente para distinguir entre las cifras del 10 y del 4 por ciento; y además de esto, no se disponían de otros datos que pudieran contradecir el informe de Kinsey.
La única realidad es que no existe ningún determinismo genético que conduzca a la homosexualidad.
Y el hecho de que, esporádicamente, se puedan observar ciertos comportamientos homosexuales en la naturaleza, no implica, en ningún caso, que esos mismos animales no tengan encuentros sexuales con ejemplares de su misma especie y del sexo contrario para reproducirse.
Lo que vendría a demostrar, en todo caso, que ser exclusivamente homosexual no es algo natural.
Lo que sí está completamente demostrado, es que es posible inducir a la homosexualidad por muy diferentes vías. Y una de las más perversas es, sin duda, la de la guerra de sexos, que además, está patrocinada por el Estado.
Dicho eso, nadie debe imponer a nadie ninguna clase de conducta sexual. Sin embargo, una realidad tan sumamente decisiva como que un hombre y una mujer pueden crear vida, es algo que ha de ser protegido y tenido en cuenta de una manera singular, siempre que se quiera ejercer un elemental sentido común.
La verdad sobre la homosexualidad es que, en términos generales, siempre ha sido un comportamiento muy propio de las élites sociales y que ha tenido y tiene relación con rituales de vasallaje que se fundamentan en la humillación sexual y en el trauma como una forma de señalar que una persona posee un status más elevado que otra.
En la nueva cultura impuesta por la Ideología de Género, las diferentes modalidades de familia que ellos promueven, basadas en unos cada vez más largos listados de artificiales categorías de género, se fundan en meros y fríos contratos acordados entre individuos.
Contratos, por supuesto, rescindibles. Además, obvian y destierran de su lenguaje conceptos o palabras como "amor" o "ternura" dado que es más que complicado incorporar esos términos en un contrato mercantil.
Victimizar a las mujeres tratándolas como seres humanos menores de edad y castrar y criminalizar a los hombres heterosexuales.
Ese es el punto de partida de su siniestro proyecto que consta de las siguientes fases que se solapan entre sí dentro del proceso de su implementación:
  1. Crear una segregación entre hombres y mujeres, cada vez más profunda, a través de la guerra de sexos.
  2. Generar un contexto normalizado y favorable para la homosexualidad que, a medio plazo, suponga una alternativa factible y generalizada a la heterosexualidad minada por la guerra de sexos.
  3. Una sociedad andrógina en la que los pocos nacimientos que se produzcan sean por medios artificiales y nunca naturales. Además preferiblemente el Estado será el que se encargue de la infancia.
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2015.06.28 08:38 josema3 La hipocresía del discurso a favor de la Ideología de Género y del homosexualismo

Los medios de comunicación hacen una inmensa contribución a la guerra de sexos. No en vano, las chicas que ahora tienen veinte años han crecido con la idea, bien consciente o inconsciente, de que todos los hombres son agresores potenciales y un peligro para ellas a todos los niveles. También han hecho que todos los hombres vivan un inmenso complejo de culpa que no les corresponde.
Este tipo de relaciones tan deterioradas entre sexos que desea este pseudofeminismo, conduce invariablemente a una segregación entre los mismos.
En consecuencia, bajo esas circunstancias, a medio plazo, el único refugio posible para la afectividad y para el amor será la homosexualidad para un número importante de personas.
Y ese es justamente el objetivo de esa ponzoña “feminazi”: La homosexualización de los hombres y la lesbianización de las mujeres, minando cada vez más a la heterosexualidad como una opción de vida, criminalizándola y haciéndola cada vez peor vista socialmente.
Su aterradora visión corresponde a una sociedad donde las relaciones de cualquier tipo entre ambos sexos sean cada vez más limitadas y que al mismo tiempo se tome a la androginia como el arquetipo del ser humano ideal.
La tendencia a la androginia conduce a una desustancialización de todo lo masculino y lo femenino, lo cual, es un proceso perfectamente observable en la realidad de la calle. Todo eso responde a una ingeniería social absolutamente premeditada y estudiada hasta el más mínimo detalle.
Se profundizará mucho mas en toda esta situación entre las nuevas generaciones dado que para ellos todas esas ideas formarán parte de la “naturaleza de las cosas” puesto que no habrán conocido ningún otro referente en sentido contrario.
Íntimamente relacionado con la Ideología de Género esta el Movimiento Gay, aunque no con los homosexuales considerados a nivel individual.
Cada vez más hombres que se han visto derrotados por la guerra psicológica de la poderosa Ideología de Género, que goza de todo el favor del Estado y de los medios de comunicación, buscan la afectividad en relaciones homosexuales a modo de alternativa. Exactamente lo mismo está ocurriendo con un creciente número de mujeres.
Ello nos conduce a la idea de que esas personas no han sido plenamente libres a la hora de escoger su opción sexual. Sencillamente se les ha puesto muy complicado vivir el amor hacia el otro sexo.
Muchas de estas personas que, hoy en día, se acercan a la homosexualidad, son “socializadas” dentro del denominado “Movimiento Gay”, lo cual va mucho más lejos que la mera elección de una opción sexual determinada.
Si alguno de ellos decidiera volver a vivir el amor hacia el otro sexo se le pondría mil y un impedimentos a nivel psicológico. Aunque resulte sorprendente, existe un número significativo de casos de homosexuales que, tras un proceso complejo y doloroso, han dejado de serlo y han pasado a ser heterosexuales.
Sin embargo, sus voces son acalladas y toda la literatura sobre este tipo de casos es censurada debido a las presiones ejercidas por el “lobby homosexual”. Dicho de otra manera: está permitido e incluso aplaudido hacerse homosexual pero está prohibido dejar de serlo. La idea principal es la de que no es posible salirse de la “secta gay”. Y ya con esto la cuadratura del círculo queda completa.
Frente al estereotipo que la misma “ingeniería social de género” ha creado sobre los varones heterosexuales, es decir: seres violentos, crueles y con unas capacidades intelectuales no demasiado desarrolladas, la Ideología de Género ha construido una imagen de los homosexuales que les presenta como personas rebosantes de amor, de sensibilidad y de bondad.
Hasta el punto de que muchas voces del “Movimiento Gay” sugieren que si en el mundo predominaran los valores homosexuales y en última instancia, si la mayoría de la población fuera gay, viviríamos en un mundo infinitamente mejor.
No somos pocos los que pensamos justamente lo contrario: Las élites que dominan el mundo son mayoritariamente homosexuales y el mundo es una gran montaña de mierda, en todos los aspectos, gracias en buena medida, a esas mismas élites mayoritariamente homosexuales.
La agenda política del Estado muestra claramente la relación existente entre la Ideología de Género y el Movimiento Gay:
El ejemplo mas emblemático: la Ley de la Violencia de Género abunda en la guerra de sexos y la Ley del Matrimonio Gay normaliza a la homosexualidad que previamente ha sido favorecida por la propia guerra de sexos instigada por el Estado y por los medios de comunicación.
Ese es el engranaje interno de la agenda política dominada por la Ideología de Género.
Y ciertamente, es importante reseñar que, en términos generales, el modelo español en materia de aplicación de las, así llamadas, políticas de género, se ha convertido en una referencia a nivel mundial. Entre otras cosas, desafortunadamente, gracias a su altísimo grado de éxito en bastantes aspectos de su desarrollo.
La homosexualización de las sociedades es profundamente conveniente para el Neoliberalismo: No olvidemos que en el fondo, las bases ideológicas del Neoliberalismo siguen siendo Malthus, Adam Smith, y el Darwinismo Social.
En este caso, la idea de la homosexualización de las sociedades ha de vincularse con Malthus. En apenas cien años la población mundial ha aumentado en nada menos que en mil millones de habitantes, dejando un total de siete mil millones de personas en este planeta.
Esa progresión es insostenible para el modelo de dominación neoliberal a nivel energético, alimenticio, productivo etc etc
Para la oligarquía mundial se torna vital disminuir sustancialmente la población mundial. La homosexualización de las sociedades es una de las estrategias aunque no la única.
Por supuesto, las sociedades en las que antes penetra este tipo de políticas disfrazadas de progresismo son las occidentales. Pero el objetivo es que se extiendan a todos los rincones del mundo.
Penetran antes en las sociedades occidentales porque es donde mayor capacidad de influencia tienen determinados think-tanks financiados por una oligarquía cuyo sueño húmedo más recurrente es el de transformar al ser humano en una especie de animal de compañía.
De una manera más concreta, ese estado de cosas puede corroborarse haciendo un simple ejercicio de observación de las políticas de población desarrolladas por Naciones Unidas:
Naciones Unidas a través del Fondo para la para la Población, de la OMS o de la UNESCO lleva desde hace muchos años promoviendo el control de la población en el Tercer Mundo. Y hoy en día, desde esas agencias de Naciones Unidas se utiliza también la Ideología de Género para extender el control de la población.
Otro ejemplo relevante de esta realidad, es el de las políticas llevadas a cabo por organización supranacional más importante del mundo, la Unión Europea, que también ha invertido mucho dinero y esfuerzo para implementar las llamadas políticas de género. De hecho, el 70% del dinero que recibe el “Movimiento Gay” en Europa procede de la Unión Europea.
La misma Unión Europea que infringe sufrimiento a la población a través de enormes recortes sociales al servicio de la ideología neoliberal. ¿Todo eso lo hacen porque nos quieren mucho?
Consecuentemente, desde las centrales de pensamiento estas ideas descienden como una lluvia fina a todos los resortes de poder, entre los cuales destacan, obviamente, el Estado y los medios de comunicación tradicionales.
Por otra parte, los planes de reducción demográfica de las élites económicas y políticas no pueden ser un secreto para nadie después de escuchar las declaraciones de Cristine Lagarde, la directora del FMI, insinuado que en España vivimos demasiado refiriéndose a que nos gastábamos demasiado dinero en pensiones.
Nunca se ha demostrado el innatismo de la homosexualidad, jamás se ha encontrado un supuesto “gen gay”.
Lo mas que se ha llegado a determinar son diferentes niveles de testosterona entre los varones desde el nacimiento. Y ello no ha conducido a grandes conclusiones que aporten pruebas del innatismo homosexual.
Si algún día, se llegara a encontrar “el gen gay” harían hasta pegatinas y camisetas con su nombre. Pero me temo que eso no va a ocurrir. La teoría del innatismo homosexual se basa en un fraude científico orquestado por el psicópata, zoofilico y violador de niños Alfred C. Kinsey con su afirmación de que en toda sociedad existe un 10 % de homosexuales.
Por ejemplo, el 25% de los sujetos estudiados por este “investigador” eran o habían sido reclusos en una prisión. De hecho la cifra del 10% era una distorsión de lo descubierto por Kinsey: el número de hombres que mantienen una preferencia homosexual durante toda la vida era un todavía inferior 4%, y en el caso de las mujeres, más o menos, la mitad.
Pero pocos leyeron lo suficiente para distinguir entre las cifras del 10 y del 4 por ciento; y además de esto, no se disponían de otros datos que pudieran contradecir el informe de Kinsey.
La única realidad es que no existe ningún determinismo genético que conduzca a la homosexualidad. Y el hecho de que, esporádicamente, se puedan observar ciertos comportamientos homosexuales en la naturaleza, no implica, en ningún caso, que esos mismos animales no tengan encuentros sexuales con ejemplares de su misma especie y del sexo contrario para reproducirse. Lo que vendría a demostrar, en todo caso, que ser exclusivamente homosexual no es algo natural.
Lo que sí está completamente demostrado, es que es posible inducir a la homosexualidad por muy diferentes vías. Y una de las más perversas es, sin duda, la de la guerra de sexos, que además, está patrocinada por el Estado.
Dicho eso, nadie debe imponer a nadie ninguna clase de conducta sexual. Sin embargo, una realidad tan sumamente decisiva como que un hombre y una mujer pueden crear vida, es algo que ha de ser protegido y tenido en cuenta de una manera singular, siempre que se quiera ejercer un elemental sentido común.
La verdad sobre la homosexualidad es que, en términos generales, siempre ha sido un comportamiento muy propio de las élites sociales y que ha tenido y tiene relación con rituales de vasallaje que se fundamentan en la humillación sexual y en el trauma como una forma de señalar que una persona posee un status más elevado que otra.
En la nueva cultura impuesta por la Ideología de Género, las diferentes modalidades de familia que ellos promueven, basadas en unos cada vez más largos listados de artificiales categorías de género, se fundan en meros y fríos contratos acordados entre individuos. Contratos, por supuesto, rescindibles. Además, obvian y destierran de su lenguaje conceptos o palabras como "amor" o "ternura" dado que es más que complicado incorporar esos términos en un contrato mercantil.
Victimizar a las mujeres tratándolas como seres humanos menores de edad y castrar y criminalizar a los hombres heterosexuales. Ese es el punto de partida de su siniestro proyecto que consta de las siguientes fases que se solapan entre sí dentro del proceso de su implementación:
  1. Crear una segregación entre hombres y mujeres, cada vez más profunda, a través de la guerra de sexos.
  2. Generar un contexto normalizado y favorable para la homosexualidad que, a medio plazo, suponga una alternativa factible y generalizada a la heterosexualidad minada por la guerra de sexos.
  3. Una sociedad andrógina en la que los pocos nacimientos que se produzcan sean por medios artificiales y nunca naturales. Además preferiblemente el Estado será el que se encargue de la infancia.
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2015.06.21 09:20 josema3 La hipocresía del discurso a favor de la Ideología de Género y del homosexualismo

Los medios de comunicación hacen una inmensa contribución a la guerra de sexos. No en vano, las chicas que ahora tienen veinte años han crecido con la idea, bien consciente o inconsciente, de que todos los hombres son agresores potenciales y un peligro para ellas a todos los niveles. También han hecho que todos los hombres vivan un inmenso complejo de culpa que no les corresponde.
Este tipo de relaciones tan deterioradas entre sexos que desea este pseudofeminismo, conduce invariablemente a una segregación entre los mismos.
En consecuencia, bajo esas circunstancias, a medio plazo, el único refugio posible para la afectividad y para el amor será la homosexualidad para un número importante de personas.
Y ese es justamente el objetivo de esa ponzoña “feminazi”: La homosexualización de los hombres y la lesbianización de las mujeres, minando cada vez más a la heterosexualidad como una opción de vida, criminalizándola y haciéndola cada vez peor vista socialmente.
Su aterradora visión corresponde a una sociedad donde las relaciones de cualquier tipo entre ambos sexos sean cada vez más limitadas y que al mismo tiempo se tome a la androginia como el arquetipo del ser humano ideal.
La tendencia a la androginia conduce a una desustancialización de todo lo masculino y lo femenino, lo cual, es un proceso perfectamente observable en la realidad de la calle. Todo eso responde a una ingeniería social absolutamente premeditada y estudiada hasta el más mínimo detalle.
Se profundizará mucho mas en toda esta situación entre las nuevas generaciones dado que para ellos todas esas ideas formarán parte de la “naturaleza de las cosas” puesto que no habrán conocido ningún otro referente en sentido contrario.
Íntimamente relacionado con la Ideología de Género esta el Movimiento Gay, aunque no con los homosexuales considerados a nivel individual.
Cada vez más hombres que se han visto derrotados por la guerra psicológica de la poderosa Ideología de Género, que goza de todo el favor del Estado y de los medios de comunicación, buscan la afectividad en relaciones homosexuales a modo de alternativa. Exactamente lo mismo está ocurriendo con un creciente número de mujeres.
Ello nos conduce a la idea de que esas personas no han sido plenamente libres a la hora de escoger su opción sexual. Sencillamente se les ha puesto muy complicado vivir el amor hacia el otro sexo.
Muchas de estas personas que, hoy en día, se acercan a la homosexualidad, son “socializadas” dentro del denominado “Movimiento Gay”, lo cual va mucho más lejos que la mera elección de una opción sexual determinada.
Si alguno de ellos decidiera volver a vivir el amor hacia el otro sexo se le pondría mil y un impedimentos a nivel psicológico.
Aunque resulte sorprendente, existe un número significativo de casos de homosexuales que, tras un proceso complejo y doloroso, han dejado de serlo y han pasado a ser heterosexuales.
Sin embargo, sus voces son acalladas y toda la literatura sobre este tipo de casos es censurada debido a las presiones ejercidas por el “lobby homosexual”. Dicho de otra manera: está permitido e incluso aplaudido hacerse homosexual pero está prohibido dejar de serlo.
La idea principal es la de que no es posible salirse de la “secta gay”. Y ya con esto la cuadratura del círculo queda completa.
Frente al estereotipo que la misma “ingeniería social de género” ha creado sobre los varones heterosexuales, es decir: seres violentos, crueles y con unas capacidades intelectuales no demasiado desarrolladas, la Ideología de Género ha construido una imagen de los homosexuales que les presenta como personas rebosantes de amor, de sensibilidad y de bondad.
Hasta el punto de que muchas voces del “Movimiento Gay” sugieren que si en el mundo predominaran los valores homosexuales y en última instancia, si la mayoría de la población fuera gay, viviríamos en un mundo infinitamente mejor.
No somos pocos los que pensamos justamente lo contrario: Las élites que dominan el mundo son mayoritariamente homosexuales y el mundo es una gran montaña de mierda, en todos los aspectos, gracias en buena medida, a esas mismas élites mayoritariamente homosexuales.
La agenda política del Estado muestra claramente la relación existente entre la Ideología de Género y el Movimiento Gay:
El ejemplo mas emblemático: la Ley de la Violencia de Género abunda en la guerra de sexos y la Ley del Matrimonio Gay normaliza a la homosexualidad que previamente ha sido favorecida por la propia guerra de sexos instigada por el Estado y por los medios de comunicación.
Ese es el engranaje interno de la agenda política dominada por la Ideología de Género.
Y ciertamente, es importante reseñar que, en términos generales, el modelo español en materia de aplicación de las, así llamadas, políticas de género, se ha convertido en una referencia a nivel mundial. Entre otras cosas, desafortunadamente, gracias a su altísimo grado de éxito en bastantes aspectos de su desarrollo.
La homosexualización de las sociedades es profundamente conveniente para el Neoliberalismo: No olvidemos que en el fondo, las bases ideológicas del Neoliberalismo siguen siendo Malthus, Adam Smith, y el Darwinismo Social.
En este caso, la idea de la homosexualización de las sociedades ha de vincularse con Malthus. En apenas cien años la población mundial ha aumentado en nada menos que en mil millones de habitantes, dejando un total de siete mil millones de personas en este planeta.
Esa progresión es insostenible para el modelo de dominación neoliberal a nivel energético, alimenticio, productivo etc etc
Para la oligarquía mundial se torna vital disminuir sustancialmente la población mundial. La homosexualización de las sociedades es una de las estrategias aunque no la única.
Por supuesto, las sociedades en las que antes penetra este tipo de políticas disfrazadas de progresismo son las occidentales. Pero el objetivo es que se extiendan a todos los rincones del mundo.
Penetran antes en las sociedades occidentales porque es donde mayor capacidad de influencia tienen determinados think-tanks financiados por una oligarquía cuyo sueño húmedo más recurrente es el de transformar al ser humano en una especie de animal de compañía.
De una manera más concreta, ese estado de cosas puede corroborarse haciendo un simple ejercicio de observación de las políticas de población desarrolladas por Naciones Unidas:
Naciones Unidas a través del Fondo para la para la Población, de la OMS o de la UNESCO lleva desde hace muchos años promoviendo el control de la población en el Tercer Mundo. Y hoy en día, desde esas agencias de Naciones Unidas se utiliza también la Ideología de Género para extender el control de la población.
Otro ejemplo relevante de esta realidad, es el de las políticas llevadas a cabo por organización supranacional más importante del mundo, la Unión Europea, que también ha invertido mucho dinero y esfuerzo para implementar las llamadas políticas de género. De hecho, el 70% del dinero que recibe el “Movimiento Gay” en Europa procede de la Unión Europea.
La misma Unión Europea que infringe sufrimiento a la población a través de enormes recortes sociales al servicio de la ideología neoliberal. ¿Todo eso lo hacen porque nos quieren mucho?
Consecuentemente, desde las centrales de pensamiento estas ideas descienden como una lluvia fina a todos los resortes de poder, entre los cuales destacan, obviamente, el Estado y los medios de comunicación tradicionales.
Por otra parte, los planes de reducción demográfica de las élites económicas y políticas no pueden ser un secreto para nadie después de escuchar las declaraciones de Cristine Lagarde, la directora del FMI, insinuado que en España vivimos demasiado refiriéndose a que nos gastábamos demasiado dinero en pensiones.
Nunca se ha demostrado el innatismo de la homosexualidad, jamás se ha encontrado un supuesto “gen gay”. Los mas que se ha llegado a determinar son diferentes niveles de testosterona entre los varones desde el nacimiento. Y ello no ha conducido a grandes conclusiones que aporten pruebas del innatismo homosexual.
Si algún día, se llegara a encontrar “el gen gay” harían hasta pegatinas y camisetas con su nombre. Pero me temo que eso no va a ocurrir.
La teoría del innatismo homosexual se basa en un fraude científico orquestado por el psicópata, zoofilico y violador de niños Alfred C. Kinsey con su afirmación de que en toda sociedad existe un 10 % de homosexuales.
Por ejemplo, el 25% de los sujetos estudiados por este “investigador” eran o habían sido reclusos en una prisión. De hecho la cifra del 10% era una distorsión de lo descubierto por Kinsey: el número de hombres que mantienen una preferencia homosexual durante toda la vida era un todavía inferior 4%, y en el caso de las mujeres, más o menos, la mitad.
Pero pocos leyeron lo suficiente para distinguir entre las cifras del 10 y del 4 por ciento; y además de esto, no se disponían de otros datos que pudieran contradecir el informe de Kinsey.
La única realidad es que no existe ningún determinismo genético que conduzca a la homosexualidad. Y el hecho de que, esporádicamente, se puedan observar ciertos comportamientos homosexuales en la naturaleza, no implica, en ningún caso, que esos mismos animales no tengan encuentros sexuales con ejemplares de su misma especie y del sexo contrario para reproducirse. Lo que vendría a demostrar, en todo caso, que ser exclusivamente homosexual no es algo natural.
Lo que sí está completamente demostrado, es que es posible inducir a la homosexualidad por muy diferentes vías. Y una de las más perversas es, sin duda, la de la guerra de sexos, que además, está patrocinada por el Estado.
Dicho eso, nadie debe imponer a nadie ninguna clase de conducta sexual. Sin embargo, una realidad tan sumamente decisiva como que un hombre y una mujer pueden crear vida, es algo que ha de ser protegido y tenido en cuenta de una manera singular, siempre que se quiera ejercer un elemental sentido común.
La verdad sobre la homosexualidad es que, en términos generales, siempre ha sido un comportamiento muy propio de las élites sociales y que ha tenido y tiene relación con rituales de vasallaje que se fundamentan en la humillación sexual y en el trauma como una forma de señalar que una persona posee un status más elevado que otra.
En la nueva cultura impuesta por la Ideología de Género, las diferentes modalidades de familia que ellos promueven, basadas en unos cada vez más largos listados de artificiales categorías de género, se fundan en meros y fríos contratos acordados entre individuos.
Contratos, por supuesto, rescindibles. Además, obvian y destierran de su lenguaje conceptos o palabras como "amor" o "ternura" dado que es más que complicado incorporar esos términos en un contrato mercantil.
Victimizar a las mujeres tratándolas como seres humanos menores de edad y castrar y criminalizar a los hombres heterosexuales.
Ese es el punto de partida de su siniestro proyecto que consta de las siguientes fases que se solapan entre sí dentro del proceso de su implementación:
  1. Crear una segregación entre hombres y mujeres, cada vez más profunda, a través de la guerra de sexos.
  2. Generar un contexto normalizado y favorable para la homosexualidad que, a medio plazo, suponga una alternativa factible y generalizada a la heterosexualidad minada por la guerra de sexos.
  3. Una sociedad andrógina en la que los pocos nacimientos que se produzcan sean por medios artificiales y nunca naturales. Además preferiblemente el Estado será el que se encargue de la infancia.
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